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Lo primero que vio Eduardo Acevedo cuando cayó al agua fue una boca gigante que se dirigía hacia él a toda velocidad. Lo siguiente, el efecto en el agua de un cuerpo que él calcula que medía unos 11 metros y que pesaría alrededor de 20 toneladas, pasando a cosa de un metro de él. "Es como si pasara un submarino a tu lado", recordaba por teléfono la semana pasada. El 'propietario' de la boca había girado a toda velocidad para no tragarse a Eduardo Acevedo. Éste, así, había evitado el destino de Jonás, gracias al noble gigante en cuyo territorio se había introducido.

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